domingo, 7 de diciembre de 2008

Mi confrontación con la docencia

MI CONFRONTACIÓN CON LA DOCENCIA.

Soy Ingeniero Químico Industrial, me encanta mi profesión, aunque últimamente no he podido desempeñarme, como hubiera deseado dentro de una Industria Química (el tiempo y la familia no me lo permiten, ni yo lo permito), en las tardes colaboro como socia y consultora al lado de mi esposo realizando diagnósticos y proyectos de Ahorro de energía eléctrica en diferentes empresas, revisamos equipos, luminarias, motores, etc. se colocan equipos de medición, se bajan las lecturas a la computadora, se analizan gráficas, etc. y me mantiene en cierta forma dentro de...... pero siempre tuve la inquietud de impartir alguna cátedra a nivel bachillerato o Superior.

Estudiaba en el CBTIS de Acapulco, y siempre admiré a los maestros que impartían alguna materia “dura”, la forma como explicaban y vinculaban los conocimientos impartidos en el aula, con su quehacer diario en el “otro trabajo”, por ejemplo mi maestro de física también trabajaba en la torre de control del aeropuerto local, los mejores maestros en la ESIQIE del IPN, trabajaban en la mañana en diversas empresas y en la tarde nos transmitían sus conocimientos, experiencias y sobre todo su entusiasmo, se veían felices y realizados, aún las maestras que algún tiempo se dedicaron a la Profesión y que después se entregaron más a la docencia, se notaban plenas, como mujeres y profesionistas y en ese momento decidí que yo quería ser como alguno de ell@s.

Gracias a Dios siempre se me facilitó enseñar lo que acababa de aprender y también era autodidacta, recuerdo que cuando estaba en la secundaria, a pesar de ser la más pequeña del grupo (en edad), me tocaba ser jefa de equipo, como tal repartía los temas de acuerdo a las habilidades de cada una de mis compañeras, no faltaba la que me decía porque le tocaba un tema más grande que a la otra, o que iba a explicar yo y le respondía que la otra niña iba a elaborar una lámina, etc, y que yooooo iba a dar un resumen de toooodo lo que expusieran ellas, para mí era más fácil usar el material de todas y resumir, aclarar y explicar lo que ellas acababan de decir, al final siempre me aplaudían y felicitaban todos mis compañeros y el ó la profesora, y yo muy apenada me escurría en mi asiento como “moco de guajolote” (realmente nunca me la creí), lo importante era que a todo el equipo nos ponían diez y me tocaba ayudar y apoyar a las que les daba el tema más pequeño, las veía afligidas y les daba tips y sugerencias de cómo exponer y qué recalcar aunque fuera algo pequeño, pero que al final, a la clase le fuera significativo. El apoyar a mis compañeras, me daba una gran satisfacción, me sentía bien de poder ayudarlas y sentía que había hecho mi “buena obra del día”, además de que ellas me tenían afecto y me retribuían con una rica torta y un refresco, dulces, etc. (debo aclarar que tampoco era una monedita de oro, pero eso nunca me importó). El director de la secundaria me dijo que yo podía estudiar la carrera que deseara y que siempre debería darme un tiempo para dedicarme a la docencia porque se me facilitaba.

Aunque la forma como me inicié como maestra fue algo extraña y circunstancial (como narré en el documento anterior “cómo percibo mi docencia”), pero si no la leyeron aquí inserto una parte.

“Radicaba con mi esposo en México, DF. Cuando se presentó una oportunidad de trabajo en una gran compañía refresquera que estaba instalando una nueva moderna planta en Acapulco Gro., ambos llenamos solicitud y presentamos todos los exámenes, al final nos dijeron que por políticas de la empresa no podíamos laborar los dos y que nosotros decidiéramos quién de los dos se quedaba, obviamente decidimos que fuera él, empacamos nuestras cosas y nos trasladamos al paradisíaco puerto.

Acapulco es bello pero no cuenta con industrias químicas, y como siempre tuve la inquietud de dedicar mi tiempo libre a la enseñanza (y en ese momento tenía todo el tiempo del mundo) busqué en el directorio escuelas privadas que estuvieran cercanas a la casa, una en especial me llamó la atención, marqué y me contestó la directora del plantel, me presenté y enseguida solicitó que fuera al siguiente día con mi currículum vitae. Cuando le dije que venía llegando de la Ciudad de México, estudió mi perfil y experiencia laboral, y a pesar de que no tenía experiencia como docente, ni tarda ni perezosa me contrató, me dió horarios y me dijo que justamente buscaba a alguien que pudiera impartir Matemáticas a nivel secundaria y bachillerato, y Química a nivel secundaria, porque el profesor que tenía a cargo estas asignaturas acababa de irse a otro Estado. Me llenó de libros, apuntes, programas, etc. y que me esperaba el Lunes. El fin de semana me puse a estudiar, investigar y repasar apuntes del CBTIS y del susodicho profesor, noté que todos los programas de matemáticas se enlazaban a la perfección y que el nivel era ligeramente superior entre uno y otro pero la base era exactamente la misma, los mismos temas y hasta los mismos ejercicios.

Muy feliz y radiante me presenté con cada uno de los grupos, los chicos me miraban con curiosidad y conforme les presentaba las formas de trabajar en clase y las reglas de evaluar se fueron entusiasmando, pero me topé con un grupo especialmente problemático, no me importó, y seguí adelante. A media semana no sentía lo duro sino lo tupido y me prometí “Si sobrevivo ésta semana, ...¡Ya la hice!.... si no de plano,... renuncio! Al final de la semana ya me había ganado al 99 % de los chicos, me dieron muestras de afecto, y me dijeron que habían aprendido en la semana lo de un mes con el otro, que yo sí era amable y educada, que sí los escuchaba, que les hablaba con cariño “muñequitos y muñequitas”, que a mí, si me importaban, y que a ellos los apodaban “Los tigres del Norte” porque eran los corridos de todas las escuelas privadas caras del puerto. La mayoría eran hijos de parejas disfuncionales y de buena posición económica y/o política (lo que a mí me importaba un bledo y los trataba por igual sin caravanas, ni distinciones...eso les agradó).

Cuando llegué a ése Instituto, ocupaban el penúltimo lugar en matemáticas de 20 escuelas (me lo dijo la Directora durante la entrevista)....peor no los podía dejar. Cuando me retiré para venirme a radicar a Aguascalientes (después de 4 años) estaban en segundo lugar a nivel general y en concursos individuales ganamos 2 primeros, 3 segundos y un tercer lugar de seis alumnos que solicitaron de un día para otro (dos de cada grado) para corroborar el desempeño de los alumnos de las escuelas de la zona. Dos de mis alumnas eran especialmente excelentes y las invitaban a diferentes concursos, trayéndose una de ellas el primer lugar a nivel estatal, lo que nos brindó la oportunidad de ir a desayunar con el Gobernador del estado a su hacienda ubicada en Chilpancingo, Gro.

Durante el lapso que estuve en el Instituto, tomé todos los cursos e invitaciones a presentaciones de libros de diferentes editoriales, y a escasamente un mes de mi quehacer docente conocí a dos de los Hermanos de la mancuerna Zúñiga-Serralde, que además de mostrarme, sus libros, experiencias, tips, y sugerencias, me proporcionaron herramientas que fueron de gran utilidad en mi desempeño docente. Lo que me hizo acreedora a ocupar el primer lugar durante mi estancia en el Instituto.”

Ahora, cuando recorro las páginas del pasado me siento plena y satisfecha de ocupar un lugar en la docencia, creo que soy muy afortunada al colaborar y poner un grano de arena en este complejo trabajo, ya que no estamos optimizando un proceso químico para elaborar un producto de excelente calidad, estamos forjando seres humanos que posean conocimientos, adquieran destrezas y desarrollen habilidades para vivir plena y conscientemente cada minuto de sus vidas, que sean competentes no solamente para vivir sino para la vida, que adquieran valores y actitudes positivas, que sean tolerantes y aprendan a vivir y convivir con sus semejantes y aprendan a aprender a lo largo de la vida.

El ser docente, me ha permitido verme y conocerme desde diferentes perspectivas y le ha dado un nuevo significado a la vida... que es bueno recibir, pero es mejor dar, pero para dar tenemos que tener, y para tener debo de esforzarme y renovarme día a día, debo de quererme para poder querer a los demás, debo de tolerarme para poder tolerar a los demás en pocas palabras, debo de rehacerme y educarme para poder rehacer y educar a los demás.

Tengo muchos motivos de satisfacción, cuando mis exalumnos me encuentran en la calle, me saludan con gusto, algunos siguen buscándome para que les dé alguna asesoría (de plano tengo que cortarles el cordón umbilical porque quieren que les explique cada clase que no entienden de sus nuevos profesores, es halagador pero los insto a volar, a que tienen que adaptarse, que para eso se les capacitó para “hacerla” dondequiera que estén), algunos de ellos están estudiando mi profesión y otros matemáticas aplicadas porque quieren ser como yo (bromeo diciéndoles que se apuren porque voy a ir a pedirles trabajo).

Motivos de insatisfacción también he tenido, con padres de familia que nunca se preocuparon por sus hijos y al final quieren y/o exigen que les “ayude” poniendo una gran cantidad de excusas que es increíble de creer; con algunos compañeros maestros que han acudido a pedir un “favor especial” por tal o cual alumno, y al no tener una contestación “favorable” arremeten con cartas, comentarios negativos, etc. lo cual me hace pensar que algunos no toman con seriedad y responsabilidad su papel y tal pareciera que están jugando “a la escuelita”, esa fue una de mis experiencias más amargas que he tenido en la vida, un profesor al no tener una respuesta positiva a su “protegida” empezó a manipular a un grupo de sexto, que se cuidaran de mí porque gracias a mí muchos no obtenían su certificado, y una cantidad más de barbaridades, él escribió la carta y también anexó a otra de las mejores profesoras del plantel, y por número de lista les “sugirió” que firmaran, y que el que no firmara se atuviera a las consecuencias. La carta llegó a la dirección el Director obviamente estaba muy extrañado, él y yo sabíamos perfectamente de donde venía todo, no dije nada, actúe como si no pasará nada, los alumnos me buscaron para asesorías para el semestral, estaban temerosos y a la expectativa, les impartí el curso, estaban muy contentos y agradecidos y en ese momento les pregunte..¿Por qué?... El jefe de grupo me contó todo, las amenazas y todo lo demás y que no se le hacía justo lo que habían hecho, que le tenían miedo al maestro, pero en ese momento estaban comprendiendo que con miedo no se llega a ningún lado y pueden lastimar o permiten que se lastime e injurie a alguien que no se lo merece, sino todo lo contrario. Ese mismo día fueron a hablar con el Director, al otro día le presentaron una carta en la que se retractaban de todo y en la que pedían disculpas por haber permitido ser manipulados de la forma de la que fueron objeto y en la que me agradecían y reconocían todo mi trabajo y esfuerzo, me entregaron otra copia a mí (aún conservo esa carta). Todavía recuerdo sus caras llenas de angustia y llanto, y eso fué lo que realmente me hizo reaccionar y me dejó una gran lección, aunque los veamos jóvenes, fuertes y llenos de vitalidad, a esa edad son fácil presa de cualquier depredador, a veces sólo queremos protegerlos, llenarlos de conocimientos, pero somos de más utilidad si les damos las herramientas para defenderse, para reaccionar de manera positiva ante cualquier situación, y creo que entre clase y clase podemos enseñarles una pequeña lección de vida.

¡Hasta pronto!

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